EL ABUSO DE IMÁGENES ARRUINA LA REFLEXIÓN CULTURAL
Son cada vez más las imágenes que llegan a nuestro cerebro. El problema no son las imágenes en sí, sino el lugar de origen de ellas. Actualmente, los aparatos electrónicos, especialmente las televisiones y los ordenadores si nos referimos a este tema, están en la cumbre, gozando de un éxito del que no se podía esperar hace diez años. Peligroso éxito.
Las imágenes no son difusas. Las imágenes son nítidas, tan nítidas que nublan la realidad, haciéndonos llegar hasta nosotros una realidad alternativa que no nos produzca más que deseo por seguir alimentándonos de ellas. Ahí es cuando se produce el abuso. No digo que no esté bien recibir información de la televisión o del ordenador, un poco de diversión nunca viene mal, pero lo que no se puede dejar es que esas imágenes nublen una realidad que de por sí, actualmente no está muy clara.
De algún lado tiene que venir este masivo uso de las mencionadas imágenes. Los aparatos electrónicos están instalados en nuestra vida como algo rutinario; la mayoría de la población ya no concibe su vida sin teléfonos móviles, televisiones, reproductores de música u ordenadores. Todos tienen tiempo para los digitales, pero no tienen una pequeña hora al día que dedicar a otro tipo de imágenes; las de los libros.
Los libros, a diferencia de la televisión, nos transmiten las imágenes a través de nuestra imaginación, por lo que de alguna manera nos hacen pensar. Y a eso es a lo que tenemos que acostumbrarnos, a pensar un poco más. Lo que no se puede hacer, es dejar todo el trabajo a la televisión que hoy en día no está más que llena de princesas del pueblo a cada cual más vulgar, y futbolistas que parece que han salido del ring y del zoo. No creo que sea lo más recomendable llenarse la cabeza de pájaros y olvidarse del pensamiento propio, de las imágenes propias.
Uno tiene que buscar esas imágenes que le van a llenar, que le van a ser útiles y le van a ayudar a ser felices. Y esas son las más difíciles de encontrar, las que quizás no nos llegan a cada instante a través de la caja tonta o de la pantalla del ordenador, las que quizás requieren que dediquemos una parte de nuestro tiempo a buscarlas. Pero merece la pena.
Merece la pena, si al final del camino lo que encontraremos serán imágenes reales como las de antaño, y no las imágenes manipuladas y superficiales que están tanto de moda. Demos una oportunidad a la realidad.
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